MI CORNEADOR NEGRO

No se hizo del rogar. Me montó. Mi coño estaba tan húmedo, entre mis fluidos y su semen, que su poderoso mástil se deslizaba sin fricción casi. Hacía un ruido de succión, de piedras en el agua, de locura. Yo temblaba debajo de él, sin reaccionar, sin moverme, solo recibiéndolo, gimiendo ahora, sin gritos, solo eso, solo gimiendo cada vez que él se hundía en mí, hasta que se vino por segunda vez... segunda vez de sexta, que se las conté. Al llegar a casa, horas después aún no podía tenerme en pié, mareada, muerta, ahíta. Seis veces. ¿Yo? Yo perdí la cuenta, las bragas y la decencia que me quedaba.

Comentarios